Pablo veus per Malena i Catalunya

“Pues aquí estoy, saludando al fotógrafo, con mi hija en el tren de Charleroi a Bruselas, temprano por la mañana el día 7. Las otras son unas horas más tarde. Poned la que más os guste.”

 

Cuando hace 20 años llegué a Catalunya desde Uruguay no era del todo consciente de dónde me estaba metiendo, pero me llevó muy poco tiempo darme cuenta de que era algo muy distinto de lo poco que había podido ver en algún documental de la Televisión Española. Me llevó muy poco tiempo darme cuenta de las diferencias culturales e idiosincráticas de esta región de España a la que sus gentes llamaban “país”. “¿Qué país?” me preguntaba yo, que venía de un país que se había independizado de otro, que era España. De todos modos esa era una discusión que no iba conmigo.

Cuando hace 11 años nació mi hija me prometí íntimamente hacer todo lo posible para que sus raíces fueran las mías, tanto es así que le puse Malena, intenté convencerla de que no hay en el mundo nada mejor que un alfajor, que no hay mejor equipo de fútbol que “La Celeste” y que el pronombre de la segunda persona del singular es “vos”.

Pero un día comprendí que todos mis esfuerzos resultarían infructuosos porque una noche la escuché hablando dormida y hablaba en catalán. Cuando se enfada grita en catalán y cuando se entristece llora en catalán. Ese día también logré por fin contestarme aquella pregunta: “¿Qué país?”, y entendí que su país era Catalunya, y desde ese día era también el mío.

El día 7 fuimos a Bruselas porque mi hija, que se llama Malena, sueña en catalán, y yo no tengo otra misión que hacer todo lo que esté mi mano para ayudarla a cumplir sus sueños. Esto es para mi la república: un sueño que mi hija y yo soñamos juntos.

 

Saludos, Pablo @PMT_mvd

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